Mi mejor amigo es Gay

con todo sin pena sin miedo
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Cuando estamos en la adolescencia es bastante común que afrontemos ciertas contradicciones con nosotros mismos, estamos en ese odioso y asqueroso proceso de definir nuestra personalidad, nuestras vocaciones (sí, pueden ser más de una), nuestras amistades, la relación con nuestros padres y uno de los temas más emblemáticos y además muy importante; nuestra sexualidad.

Como si no fuese suficiente tener que afrontar una ola hormonal del tamaño de un tsunami, a varios se les presenta la diatriba de ¿me gustan los chicos o las chicas?, y con ello una vorágine de miedos que agobian hasta el más fuerte y el principal de ellos sin duda es la aceptación de nuestros seres queridos y de la sociedad en general, porque, aunque estemos en pleno siglo XXI este tema sigue siendo tabú en muchos países, así como la sexualidad en general.

Y ahí estaba yo con 15 años, afrontando la vida como cualquier otra chica de mi edad; algo de acné, pechos más grandes que el promedio de mis compañeras, peleas incesantes con mis padres, las noches en vela meditando que quería estudiar, el chico que me gustaba pasaba de mí, las primeras fiestas con alcohol; pero lo que marco mucho esa época fueron sin dudas las amistades que hice en aquel entonces, y que tengo la suerte de conservar más de diez años después.

Él era un chico que se veía normal, quizá algo tontico, muy inteligente y sin duda muy apegado a las normas, hasta que un día sin pena y sin miedo, decidió bajar las escaleras y empezar a rodearse con el resto; ya no había ni un rastro de timidez en él y si tenía alguna inseguridad pasaba del todo desapercibida, un cambio arrollador sin duda pero afortunadamente fue de esos cambios para bien; entonces nos hicimos amigos.

Así pasaron nuestros últimos años de colegio y agradezco enormemente que él fuese uno de los protagonistas, pero también hubo otro protagonista en esta historia, un chico muy guapo que me encantaba al principio y que era parte importante del grupo de amigos, pero con el tiempo y unos cuantos dramas propios de la edad se fue alejando y a pesar del dolor que me pudo generar fue pasando, al fin y al acabo como dije antes tenía muy buenos amigos con quienes contar en esa época.

En ocasiones, había actitudes raras de este chico guapo, pero la ignorancia muchas veces es una bendición y era preferible hacer la vista gorda, además, así como él sin duda yo también era una amateur del tema y no hice caso a las señales en su momento.

Luego de terminado el colegio, cada uno cogió por su lado como era normal y sólo unos pocos decidieron mantener el contacto (me alegro de los pocos que me quedaron), ya no nos veíamos como antes y ante la emoción de la universidad cada uno empezó a experimentar la vida de otra manera, como un nuevo comienzo en el que quisimos mantenernos apartados por un tiempo para sacar todo aquello que habíamos reprimido.

Entonces mi mejor amigo me citó un día y fue allí cuando de su boca salieron por fin esas palabras, SOY GAY, y aunque sin duda era algo que me esperaba no dejaron de impactarme aquellas palabras, no había cumplido aún los 18, por lo que era bastante inmadura para comprender muchas cosas, como el hecho de que su primer amor fue aquel chico guapo que me gustaba y por el que lloraba con este amigo, me costaba creer que nos gustase la misma persona y que él fue incapaz de decirme la verdad aun viendo lo boba enamorada que estaba.

No obstante, tuve que entenderlo y él tuvo que entenderme a mí, él ya estaba ya con una lucha más grande y que aún no podía compartir conmigo y yo era muy nueva en este tema de tener amigos gay y aún me faltaba mucho por aprender de este proceso, pensar que luego de ello son muchas las historias que me tocó afrontar referente a esto, pero otro día les cuento un poco más.

Aun así, agradezco cada episodio que pasé y agradezco haber pasado con esto con una de las personas más maravillosas que he conocido, esto me ha dado la tolerancia que tengo hoy en día y la capacidad de ver las preferencias sexuales con otra mentalidad, haciéndome entender que tu preferencia sexual no debe ser impedimento para que hagas tu vida como cualquier otro; que la homosexualidad no es condición es una decisión; que a quien decidamos querer es problema de nosotros y de nadie más; que no se trata de luchar por los derechos de la comunidad LGBT sino de los derechos de los humanos, de tus derechos como hombre y como mujer; y que todos debemos vivir con todo, sin pena y sin miedo.

 

Marian Boza Centeno

Síguela en Instagram: @cronicasagridulces


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