El primer hombre en mi vida

El primer hombre en mi vida - Con todo, sin pena, sin miedo
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Donde estaban nuestros padres cuando nos estábamos descubriendo como homosexuales? Por qué nunca fueron a nuestro rescate y nos enseñaron que un hombre comienza por ser honesto acerca sí mismo? Por qué nunca vieron el miedo en nuestros ojos y nos llevaron de la mano para enseñarnos a amarnos a nosotros mismos?

Como hombre gay, el primer hombre que amamos en nuestra vida fue nuestro padre. En esa figura buscábamos la afección y el amor. Muchos de ellos fueron criados con la enseñanza de suprimir emociones, de evitar llorar y ser sensibles, y siguiendo la cadena de aprendizaje intentaron que nosotros fuéramos así también. Ellos, al darse cuenta que éramos diferentes de forma inconsciente nos trataban de forma particular muchas veces evitando reafirmar lo que para ellos era una sospecha. Por otro lado, nuestros compañeros de escuela nos hacían a un lado debido a que no compartíamos intereses. Como homosexuales en proceso de crecimiento, fuimos desarrollándonos con una carencia de auténtico amor de la figura masculina tanto en el hogar como también en nuestro entorno escolar.

Todas esas invalidaciones de parte de nuestro Padre y los compañeros de escuela han sido lo que más nos dañó en nuestro proceso de crecimiento como hombres gay. Por otro lado, nuestras Madres inconscientemente sintiendo que éramos diferentes, nos sobreprotegieron y nos inundaron de amor para compensar esa falta de validación ante cualquier figura masculina. Como resultado, la auténtica validación provino de nuestras madres.

“Nunca hable con mi padre acerca de ser gay. Años atrás, se lo dije a mi madre, y por supuesto ella se lo habrá dicho a mi padre. Yo siempre supe que él sabía, pero nunca hablamos del tema. No hubiese podido soportar ver su cara de frustración. Ahora que él ha muerto, rezo mucho por él y por nosotros dos cuando pienso en ello. En realidad, nunca llegamos a ser amigos. Amigos? Es que ni siquiera nos sentamos alguna vez a hablar sobre la vida!” Tom desde Seattle, Washington

Psicológicamente hablando, la figura materna nos hacía sentirnos cómodos. Cultivamos la vena creativa, artística, sensible y afectiva de la primera mujer en nuestras vidas. Entiendo que lo dicho en párrafos anteriores no aplica para todos los hombres homosexuales, pero en gran parte la ausencia o invalidación de la figura paterna nos fue modelando en nuestro desarrollo como hombres gay.

Cuando éramos niños muchos años antes de tener sexo con otro hombre por primera vez, sufrimos rechazo de nuestros amigos de escuela, descuido emocional de nuestros papás, y sobreprotección de nuestras madres. Nosotros sobrevivimos en nuestra etapa infantil aprendiendo a ajustarnos a la aceptación de otros en vez de haberlo hecho como un proceso natural. Nos hicimos marionetas en cierta forma, permitiendo que otros influyesen en nuestro comportamiento para poder sentirnos aceptados y convalidados.

Que quieres que yo sea? Un buen estudiante? Un sacerdote en la iglesia? Un buen hijo de mamá? El primero de la clase? Nos hicimos dependientes adoptando lo que la sociedad nos imponía, y que nosotros con tal de buscar afecto y validación seguíamos los cánones de la sociedad al pie de la letra.

Por lo tanto el pequeño con el gran secreto se hizo el hombre que evitando sentir lastima y buscando la validación de otros, se hizo un experto en ocultar el gran secreto de su homosexualidad.

El pequeño se hizo hombre aprendiendo a ser conocedor de la industria del fashion y la cultura, a hacerse de un cuerpo perfecto, a ser exitoso en su carrera profesional, a ser un buen anfitrión con un buen gusto. En resumen, a sobresalir en cualquier ámbito buscando efectivamente la validación ante otros.

 

Basado en el libro “Las raíces de la rabia” de Alan Downs


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