El pequeño con un GRAN secreto

Comparte en tus redes sociales

Desde que nacemos estamos en constante exploración. En etapas iniciales como niños buscamos desarrollar nuestros cinco sentidos: miramos hacia todos lados buscando la vivacidad de los colores, olemos los perfumes de nuestros seres queridos, percibimos los deliciosos olores a frutas, tocamos a nuestros padres buscando complacencia, escuchamos conversaciones, comenzamos a balbucear nuestras primeras palabras.

No es sino hasta la edad de 4 a 6 años cuando nuestros padres saben que somos diferentes, ellos comienzan a percibir nuestro comportamiento, nuestros gestos, y saben que incluso comparándonos con otros niños hay “algo” que nos hace diferentes.

“Hacía lo usual en la escuela, jugar futbol, salir con chicas en Educación Secundaria. Sin importar lo que hiciera siempre tuve la percepción de que era diferente” – Kal desde Omaha, EE UU.

Durante la infancia, nosotros comenzamos a percibir lo que nuestros padres observan. Es en este punto es cuando tratamos inconscientemente de retener el amor de nuestros padres, buscando la validación en la forma en que actuamos para balancear ese vacío y extraña sensación de sabernos diferentes al resto de los niños.

En esta etapa comenzamos a ocultar nuestro verdadero ser, antes nuestros padres y maestros, pero sobre todo ante los demás niños de la escuela y el vecindario. Estando en la escuela, no hay nada más cruel en algunos casos que ver niños jugando en el Jardín de Infancia molestando a otros más indefensos o quizá tímidos, y muy especialmente cuando ellos perciben a otros niños diferentes.

“No recuerdo cuando todo comenzó, pero si recuerdo definitivamente que no encajaba en el grupo de niños. Recuerdo sentarme solo en el parque cuando estaba en el Jardín de Infancia” – Dale desde Charleston, EEUU

Muchos de los hombres homosexuales tenemos recuerdos crueles de nuestra infancia tratando de encajar en los juegos de escuela, en los deportes que la mayoría de los niños juegan, y en ese intento por pertenecer a ese grupo nos sentimos frustrados, tristes y tratando de buscar la aceptación. Vemos como otros niños heterosexuales nos miran de forma diferente al saber que no somos capaces de jugar los deportes que ellos practican.

Es este sentimiento de sentirnos y que nos vean diferentes o muchas veces rechazados por otros niños, es lo que nos lleva a pensar que hay algo dentro de nosotros que es aberrante, desconcertante y poco amoroso. No sabemos que es, pero tomamos la decisión de ocultarlo ante la vista de nuestros padres y nuestros compañeritos de escuela. Para sobrevivir aprendemos de una u otra forma de sentirnos aceptados por nuestros padres, nuestros maestros y compañeros de escuela. Quizá aprendemos a mostrarnos más sensitivos que otros niños antes nuestros maestros. Muchos comienzan a realizar actividades creativas como la pintura y la actuación en el teatro con el propósito de sentirse aceptados y ganar notoriedad ante los ojos de los demás.

La esencia de todas estas experiencias es la misma. Sin importar la manera o actividad de como la expresábamos, necesitábamos amor y teníamos miedo, teníamos pena de que había algo en nosotros que hacía que nadie nos pudiese amar.

Basado en el libro “Las raíces de la rabia” de Alan Downs


Comparte en tus redes sociales

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *